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En una noche perfecta para un concierto al aire libre, Bunbury reunió en el parque de Santa Catalina a cerca de 5.000 personas que salieron, el líneas generales, satifechos con la actuación del aragonés, que desplegó sobre el escenario lo mejor de su extenso repertorio, interpretando lo que de él se espera. Rodeado de una banda excepcional, ataviado con sombrero a lo capitán Garfio, bucanero con calavera y tibias, Bunbury tuvo que superar las deficiencias de un sonido que fue mejorando canción tras canción, pero que no ofreció limpieza en ningún momento.
Opaco y a veces cercano a la chatarra, las primeras canciones sufrieron una metamorfosis sonora indigna del artista y de su grupo. La percusión y la sección de vientos (que tan bien le hace a un músico como Bunbury) apenas se dejaban escuchar. En fin, más de lo mismo.El repaso a su extenso repertorio empezó con temas de Flamingos y El Viaje a Ninguna Parte, su último disco en solitario (por el momento).
El club de los imposibles, Sí, Que tengas suertecita, El regreso, Lo que queda por vivir. Que no Sepa tu mano izquierda... o Anidando liendres abrieron con fuerza un recital en el que Bunbury se mostró cercano al público, muy comunicativo y en cambio, previsible.
Al menos hasta que abordó uno de esos grandes temas que forman parte de la memoria colectiva a pesar de que está incluido en su trabajo más irregular, su debut en solitario Radical Sonora. Estamos ante Salomé, del que Bunbury ofreció una versión poco reconocible pero excepcional, muy blues.De su primera experiencia Bunbury también interpretó otro sensacional tema, Alicia.
Hubo espacio también para los temas más conocidos, los hits de su carrera, como Lady Blue, que comenzó en un tono muy intimista, con la acústica anunciando en solitario los primeros acordes. Y también para la reivindicación, en un espacio muy apropiado (el cosmopolita parque de Santa Catalina) y en un día de especial importancia para los emigrantes que viven en España (último día para lograr su integración burocrática en este país para muchos de ellos).
El Extranjero sonó mucho más verdadero que nunca.Sí que se permitió un guiño a su pasado como líder de Héroes (dando una alegría a todos los fans siniestros que por allí pululaban) cuando arremetió con los acordes de la extraordinaria Iberia.
Luego llegaron El jinete, Los restos del naufragio, El viento a favor y se despidió después de dos bises muy celebrados, especialmente el segundo.Correcto ejercicio de profesionalidad y responsabilidad el de Bunbury, que dejó su impronta de megaestrella después de dos horas de concierto, de buena música y excelentes temas.
El concierto de Bunbury se encuadra en los actos del Encuentro de Jóvenes promovido por el Cabildo Insular de Gran Canaria en el parque de Santa Catalina
FUENTE: www.canarias7.es (Gracias a Josal por facilitar esta crónica) Añadir a favoritos (18) | Cite este artículo en su sitio | Visto: 836
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