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NANDO CRUZ
ARTISTA Enrique Bunbury
LOCAL Palau de la Música
FECHA 5 de julio
Pasan los años y Bunbury sigue pareciendo un personaje en eterna construcción. Cuesta creer que liderase un grupo de rock tan absolutista y rígido como Héroes del Silencio porque hoy, el aragonés errante se siente orgulloso de dar tumbos a izquierda y derecha disfrutando de un trayecto que ya le ha proporcionado no pocas alegrías. El intérprete se ha ganado un puesto de honor en la historia del rock español a fuerza de codazos de excentricidad y una cegadora ambición artística.
Todo ello sigue pesando mucho en su directo. Pero Bunbury es uno de los pocos cantantes nacionales capaz de transformar la impostura en arte. Los hay que son estrellas hasta escayolados. Él, en cambio, sabe que ha de trabajarse la posteridad, pero hoy ya entra y sale del olimpo como Pedro por su casa. A veces hay que echarlo a patadas. A veces, hay que atarlo con camisa de fuerza para que no malee la escena. Pero otras, sencillamente, hay que dejar que se siente en el trono.
A diferencia de su última visita, cuando llegó en plenitud expresiva tras una larga gira mundial, ahora regresa en los primeros compases de la presentación de un doble disco excesivo y precipitado al que la banda aún no ha tenido tiempo de reajustar la instrumentación. El viaje a ninguna parte parece tentado por la política prolífica de Andrés Calamaro, pero el maño necesita dejar reposar las canciones y rehacerlas varias veces hasta dar con la toma más imponente. La primera noche en el Palau de la Música desató el apoteosis. Pero no fueron esas siete u ocho ovaciones en pie ni su interiorizada colección de gesticulaciones épicofolklóricas las que lo convierten en la estrella más firme del rock país. Su grandeza proviene de su contrastada capacidad de maniobra, de esa autoridad (la misma cuando hace diana que cuando falla el tiro) para cambiar de plan y rumbo. Esto no es eclecticismo, sino una apuesta ciega por la individualidad (por el rock'n'roll, dice él) más ladrona y expansiva.
Cuando lo prudente es medir los pasos, aparcar las inseguridades y expresarse con estudiada ambigüedad, Bunbury no se guarda nada, no se calla nada. De tan contradictorio y arriesgado, parece más frágil, pero es todo lo contrario. Ha sido tan valiente que hoy ya no hay quien lo tumbe. Y aunque su concierto fue tan largo y desigual como su nuevo disco, en otoño ya será otro. Mejor.
Noticia publicada en El Periódico de Catalunya
• Cantautor con alma de histrión.
RAMON SÚRIO
El cabaret ambulante de Bunbury desplegó su arte arrabalero durante dos noches en el magno recinto modernista, en el que era estreno oficial de su cuarto álbum como solista, El viaje a ninguna parte. Un trabajo doble que el ex vocalista de Héroes del Silencio presenta acompañado de un octeto en el que destacan violín, sección de vientos, teclados y una guitarra que es el alma del sonido, gracias a un comedido y melodramático sentido del solo sin duda muy influido por la obra de Tom Waits.
El aliento de este singular cantautor se nota también en la estructura y la ambientación de algunas de las canciones más logradas de Bunbury, un temperamental vocalista de engolada voz y maneras teatrales que se presentó vestido de punto en blanco y tocado con su habitual sombrero. Parecía un predicador entre fieles, si tenemos en cuenta que no paró de llamar a su entregado público “hermanos y hermanas”.
Tras rendir tributo a Marlon Brando, Bunbury se vació en un histriónico y trabajado show que en algunos momentos parece la versión local de la revue organizada por Bob Dylan en la época de Desire, salvando, claro, distancias e idiosincrasias. Bunbury se ha forjado una imagen de nómada cuyo viaje existencial tiene visos de autenticidad y conecta con el público autóctono y también con el latinoamericano. Así, y parafraseando títulos de sus nuevas canciones, se puede decir que El aragonés errante se desnuda en Los restos del naufragio cuando revela la importancia de Oaxaca y los hongos alucinógenos y de ciertos cantautores, anglosajones, argentinos y nacionales, en su imaginario.
Es cierto que tiene algo de Jaime Urrutia, Nick Cave, Fito Páez y de otros nombres que cita en la letra y bueno es reconocerlo. Para eso, nada mejor que recuperar temas añejos de la época de Pequeño –canciones como De mayor, Salomé o Apuesta por el rocanrol–, de Flamingos, como Lady Blue y el Sí de Adriá Puntí –una extraordinaria canción que ha hecho suya y nunca falta en su repertorio–, del proyecto alternativo Bushido y su clásica versión de El jinete, todo para reafirmarse en una personal madurez a prueba de prejuicios.
Noticia publicada en La Vanguardia
NOTICIAS BUNBURY CLUB
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