Segunda sesión anoche de la triple aparición de Mikel Erentxun en el Victoria Eugenia. Primero de los dos recitales con los que se compondrá la película y el doble disco; la cita del jueves fue más un ensayo general del proyecto. Cambio de look del rockero donostiarra, esta vez sin sombrero. Mikel se mostró entregado y pletórico desde los primeros Rara vez, En solitario o Contracorriente, con los que arrancó una fiesta con primer invitado en la cuarta canción: el veterano creador local Rafa Berrio, en una composición muy apropiada para su tono vocal a Lou Reed. Rafa descubrió de nuevo su camiseta con un lema de amor a Mikel. Escueto estuvo éste con su público y apenas si soltó un buenas noches, mientras que el entusiasta público pareció más directo lanzando piropos al cantante o vítores a «ese Manolo» (el bajista). De París (con el oportuno acordeón de un Joserra Senperena que pareció enorme al Hammond) a California (con toque steel del seguro guitarrista Fran Iturbe). Una novedad romántica, Hoy, y segundo invitado: Iván Ferreiro, a quien el ruido le tapó bastante la voz en De espaldas a mi.
La más experimental Acróbatas dio paso a un doble momento acústico. Relax roto por el tercer amigo del día: Leiva (de Pereza), de aspecto macarra y sensible entonación. Cuarto colega, Bunbury, en Cartas de amor. Hubo una segunda novedad, la muy yanqui Un café americano, y una promesa cumplida: sólo una mención a Duncan Dhu: La herida. Amaia Montero realizó el obligado bis de Lau teilatu. Y la canción Marcos y Nerea descendió el telón (con Leiva y Ferreiro de nuevo en escena) a dos intensas horas de rock y amistad.